Una década de música clásica en A Mariña


El obras de algunos de los grandes compositores de música clásica de la historia pusieron su nota de color a la comarca de A Mariña, en Lugo. Hasta el 24 de agosto, el ‘Festival Bal y Gay’ cumplirá su condición de referente nacional del género gracias a una cuidada cartelera que combina afamados artistas internacionales, consagradas agrupaciones nacionales y jóvenes de gran proyección, entre los que destacan María João Pires, Konstantin Krimmel, el Cuarteto Quiroga, la Orquesta Sinfónica de Galicia, la Real Filarmónica de Galicia y Juan Pérez Floristán con su trío VibraArt. Esta décima edición está siendo la consolidación de un festival nacido en 2014 con el propósito de despejar los prejuicios que rodean a la música clásica y acercar las habituales propuestas de las grandes salas de conciertos a un entorno rural. Una fórmula que ha ido creciendo cada año hasta superar la barrera de 4.000 asistentes en este 2023, tras agotar los abonos y vender casi todas las entradas puestas a la venta para disfrutar de sus catorce conciertos. “Se han cumplido las expectativas y espero que se sigan cumpliendo”, dice a este diario Alba Rodríguez, directora del festival. “Parece fácil, pero es un desafío cada vez mayor”.

El paulatino crecimiento del festival trae consigo el gran desafío de incrementar, en cantidad, calidad y prestigio, la oferta musical que se presenta al público. Tanto es así que se empiezan a negociar algunas propuestas con hasta un año de antelación. “Hay que hablar con los mánagers y los artistas para que te hagan ese hueco tan esperado en la agenda”, dice Rodríguez, encargado de diseñar la programación. Como ejemplo cita a María João Pires, que actuará este martes en dos espectáculos diferentes en el Auditorio de Ribadeo de Lucerna, Suiza. “Hay que hacer un encaje de bolillos, pero tratamos de hacer todo lo posible para que suceda”, dice el director.

Una de las principales señas de identidad del ‘Festival Bal y Gay’ y que lo diferencia de otros eventos de este tipo radica en su singularidad artística, su recorrido sonoro histórico y la fusión que realiza entre música y locación. La interpretación de obras de ilustres figuras clásicas como Bach, Mozart, Brahms, Schubert, Dvorak, Bartók o Mendelssohn conforman la línea temporal que va desde el Renacimiento hasta el siglo XX. Estos conciertos se realizan en espacios solemnes que dan un ambiente especial a la música, como el La Catedral de Mondoñedo, la Fortaleza del Alfoz, la Iglesia de Lourenzá o la Fábrica de Sargadelos. Desde la organización buscan que “cada concierto se convierta en una experiencia mágica” que ponga en valor el patrimonio y la esencia de la zona. “Los músicos también se sorprenden, y eso es lo bonito”comenta Rodríguez.

Hasta ocho municipios (Foz, Mondoñedo, Ribadeo, Viveiro, Cervo, Lourenzá, Barreiros y Alfoz) colaboran en este festival para hacerlo posible, ya sea mediante el apoyo logístico, la financiación o la cesión de los lugares donde se celebran los conciertos. Esta participación conjunta permite romper barreras y poner la música al servicio de los visitantes. “Es una fiesta para todos. Todos se sienten parte de ello. Si se quiere poner en valor el patrimonio y la zona, es fundamental que vayamos todos como uno solo”, subraya Rodríguez, quien añade que el apoyo de los ayuntamientos es fundamental para planificar el festival desde una visión a largo plazo.

quitar prejuicios

El ‘Festival Bal y Gay’ ha conseguido su propósito de “democratizar la música” desde la “calidad y excelencia” que siempre han perseguido sus organizadores. Además, sus ramificaciones promocionan otros espacios de A Mariña gracias al gran interés que este ciclo de conciertos ha despertado entre la población local y extranjera. “Hay mucha gente que viene adrede al festival y se queda una semana o diez días aquí”, explica Rodríguez. Esta sinergia y la llegada de turistas permite dar a conocer la naturaleza, el patrimonio y la gastronomía de la comarca. Por otro lado, el público local acoge con los brazos abiertos otro de los objetivos de este festival, «que era que la gente pierde el miedo a la musica clasica»y ofrecerles algunos conciertos que no eran habituales en su agenda cultural. “Se crea un amor por la música clásica que no podría existir en otro contexto”, añade el jefe del comité.

A pesar de que esta edición del Festival Bal y Gay aún no ha concluido, su dirección ya se ha marcado algunos objetivos a abordar en los próximos años. Alba Rodríguez asegura que están abiertos a programar más conciertos que fusionen la música clásica con otros géneros “dentro de un mismo paraguas”, ampliar el repertorio de artistas y añadir espectáculos de danza.

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