Kim Sáenz, la enfermera asesina y sus crímenes con inyecciones de lejía


El hospital vivía sumido esos días en un auténtico reinado del terror tras la homicidio en extrañas circunstancias de varios pacientes. La dirección del centro sospechaba de uno de sus trabajadores, pero no sabían de quién podía tratarse. Hasta que dos enfermas con insuficiencia renal, que esperaban su turno para tomar un tratamiento de diálisis, fueron testigos de poco tan insólito como aterrador.

Su enfermera se encontraba agachada en el suelo a pocos metros de distancia. Aquella posición llamó la atención de las mujeres, que observaron cómo la sanitaria cogía una jeringa, la rellenaba con un nítido transparente de un cubo de castidad para, a continuación, inyectárselo en la vía intravenosa de otro paciente. Acababan de pillar in fraganti a la enfermera Kim Sáenz con una de sus inyecciones mortales de colada.

De gusto, enfermera

Sobre la infancia y adolescencia de Kimberly Clark Fowler, más conocida por el patronímico de casada Sáenz, poco se sabe aparte algunos apuntes biográficos. Por ejemplo, nuestra protagonista nació el 3 de noviembre de 1973 en Fall River (Massachusetts), aunque pasó gran parte de su pubertad en Pollok, un suburbio de Texas. Durante su etapa en el instituto, Kim fue una de las chicas más populares y formó parte del equipo de animadoras.

Sin secuestro, un contrariedad no deseado a los trece abriles truncó todos sus sueños y planes. La muchacha tuvo que desistir los estudios y dedicarse a la crianza de su primogénito. Si aceptablemente con el tiempo llegó a casarse y a tener un segundo hijo, finalmente optó por graduarse y diplomarse en dispensario. Esa era su gusto.

Kim Sáenz, la enfermera asesina

Kim Sáenz, la enfermera asesina

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Kim inició su carrera como enfermera en varios hospitales de Lufkin (Texas), a donde se había trasladado con su tribu en 2006. En menos de un año, la mujer cambió de trabajo hasta en cuatro ocasiones tras ser despedida por múltiples negligencias. Entre ellas, el robo de Demerol (un medicamento opioide para el dolor) y trampear pruebas de orina para evitar la detección de sustancias estupefacientes.

Kim era drogodependiente, sufría de depresión y consumía medicamentos recetados robados. Por otra parte, su marido le había pedido el divorcio y una orden de protección contra ella al protagonizar un altercado doméstico que la llevó al calabozo por intoxicación pública y invasión de morada.

Una de las víctimas asesinadas por Kim Sáenz

Una de las víctimas asesinadas por Kim Sáenz

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En medio de este caos personal, le llegó una nueva ofrecimiento de trabajo para el Centro de Diálisis DaVita Lufkin. Era el otoño de 2007. Su cometido era encargarse del tratamiento de diálisis de los pacientes con insuficiencia renal y suministrarles la terapéutica pertinente por vía intravenosa. 

Unos meses más tarde, ya en la primavera de 2008, un suceso extraño empezó a azotar el hospital: los pacientes morían de fallos cardíacos tras la diálisis. Tanto es así que la Agencia de Servicios Médicos de Emergencia de los Estados Unidos (EMS) llegó a venir a las instalaciones del DaVita hasta treinta veces en el mes de abril, cuando en los últimos quince meses habían ido tan solo en dos ocasiones. Poco estaba pasando.

Neto sospechoso

Para investigar los incidentes y administrar un nuevo procedimiento de cara a vigilar a qué se debía el aumento exponencial de fallecimientos, el hospital nombró a una nueva coordinadora, Amy Clinton, que dispuso cambios en los turnos y en los puestos de los trabajadores. 

Una de las “perjudicadas” fue Kim Sáenz, quien tras enterarse de su cambio de funciones llegó a alterarse y molestarse. Pero nadie le dio maduro importancia.


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Hasta que el 28 de abril, dos pacientes de la clínica, Leraline Hamilton y Linda Recibidor, observaron a Kim en posición sospechosa: cogió un cubo de la castidad, lo colocó a su banda y, mientras se agachaba, rellenó un tubo con un nítido transparente e inyectó ese mismo fluido en la vía intravenosa de dos enfermos.

Linda y Leraline avisaron a Amy y la supervisora se enfrentó a Kim, a quien acusó de introducir colada en sus pacientes. La enfermera negó la maduro y fue suspendida del trabajo y enviada a casa. 

La jeringuilla utilizada por Kim Sáenz en sus crímenes

La jeringa utilizada por Kim Sáenz en sus crímenes

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En las siguientes 24 horas, se pusieron los hechos en conocimiento de las autoridades, se analizaron las vías intravenosas manipuladas por la enfermera y se confirmó que el fluido inyectado era colada. Tras los resultados, el hospital procedió al despido de su trabajadora y facilitó a los investigadores el expediente de los cinco fallecidos en el zaguero mes.

Por su parte, los agentes registraron el domicilio de la enfermera e incautaron su ordenador. Este se convirtió en una prueba secreto. Entre las búsquedas halladas en el historial estaba todo lo referente a “intoxicación de colada” y la posible detección en el tratamiento de diálisis.

Kim Sáenz, una vez detenida

Kim Sáenz, una vez detenida

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Cuando la policía interrogó a Kim, la mujer mencionó el uso de colada ayer de que los propios detectives lo sacaran a relucir. Aquello la delató. Por otra parte, aseguró poseer utilizado una jeringa para contar el fluido porque no había vasos medidores, una exculpación que no le sirvió de nadie.

Kim Sáenz fue detenida y acusada de cinco homicidios y de cinco cargos de ataque agravada, estos últimos por las cinco víctimas que sufrieron lesiones y sobrevivieron. El inteligencia contra la enfermera asesina empezó en marzo de 2012 y el fiscal de distrito Clyde Herrington puso sobre la mesa el motivo que le llevó a cometer estos crímenes: “Ella estaba deprimida. Estaba frustrada y creo que se desquitó con esas frustraciones con los pacientes”.

Kim Sáenz junto a su marido durante el juicio

Kim Sáenz anejo a su marido durante el inteligencia

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Sin secuestro, aquella explicación no sirvió para calmar la ira y la desazón de los familiares de las víctimas. Wanda Hollingsworth, hija de Thelma Metcalf, se dirigió a la acusada mientras el miembros deliberaba con un: “No eres más que una psicópata asesina en serie. Has deshonrado a tu tribu y al campo médico. Espero que ardas en el báratro”.

El 2 de abril de 2012, casi cuatro abriles posteriormente de las primeras muertes, Kim Sáenz fue condenada a sujeción perpetua sin posibilidad de permiso condicional y a 20 abriles por cada cargo de ataque agravada. Una vez conocido el veredicto, la nieta de otras de las víctimas, Marisa Fernández, dijo satisfecha: “Es mi deber como cristiana perdonarte. Y lo haré. Solo espero, por tu aceptablemente, que puedas acercarte y pedir perdón por ti misma”.

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