Alberto Úbeda, colleiteiro por vocación



Es una figura reconocida en toda Galicia porque parte de una ley autonómica. De hecho, en la cata oficial de vinos de Galicia, en los premios, que son los acios, existe una categoría de colleiteiros que no es monopolio para vinos del Ribeiro. Hablamos de pequeñas bodegas que elaboran caldo exclusivamente con uvas de su propia cosecha. Lo que sucede es que el Ribeiro es la única denominación de origen que reconoce esa figura en el reglamento de nuestro consejo regulador, específicamente. De hecho, empezamos siendo la Asociación de Colleiteiros do Ribeiro, pero hace un par de abriles reformamos los estatutos y pasamos a ser la Asociación Galega de Vitivinicultura Artesanal, para darle un ámbito de toda Galicia, aunque sí es cierto que, de momento solamente hay colleiteiros del Ribeiro en la asociación.

Aunque es una asociación veterana empezó a tener notoriedad la pasada plazo. ¿Cómo fue su historia?

La Asociación de Colleiteiros do Ribeiro tiene más de treinta abriles de historia. Fue fundada por un rama de colleiteiros, pero por errata de actividad se quedó en “stand by” por errata de actividad y hace casi diez abriles que decidimos retomarla, a instancias del entonces director del consejo regulador cuando íbamos cada uno de nosotros a plantearle cosas. Rememoración que en una de esas me dijo “¿Por qué no os asociáis y hacéis cosas en popular?”. Venía de estar en Prowein y había gastado cómo actuaban conjuntamente los pequeños viticultores de Mosela y nos animó a que hiciéramos lo mismo. Así fue como decidimos retomar aquella asociación ya existente pero dormida y recuperar su actividad. Todavía había un rama de los colleiteiros fundacionales que seguían en activo y todavía siguen algunos de ellos con nosotros.

¿Qué papel juega la asociación?

Una asociación como la nuestra tiene varios frentes de autos. Frentes comerciales como la público conjunta a ferias para aminorar costes, optar a subvenciones para realizar misiones comerciales como las que hemos hecho a Japón, México, varios puntos de Estados Unidos, compras conjuntas de maquinaria, mantenernos informados… pero hay una pata que es muy importante que es la influencia en los estamentos que deciden. El que nos pilla más cerca es el consejo regulador, pero hay otro al que se está dando forma y del que parte nuestro cambio alrededor de un ámbito autonómico que es la creación de la futura mesa alimentaria donde se sienten los diferentes sectores implicados y puedan tener voz. Y es muy importante para nosotros tener influencia en esos lugares donde se toman decisiones porque hasta ahora no la hemos tenido. Las decisiones las suelen tomar las grandes empresas que son las que tienen peso en este tipo de organismos y tienen más posibles para disponer de esa presencia en esas áreas de influencia. 

¿Hay discriminación en beneficio de los grandes frente a los pequeños?

Tenemos que convivir grandes, pequeños, medianos. Hay sitio para todos en el mercado. Nosotros no podemos cubrir determinados segmentos del mercado. Pero a veces el interés empresarial, frío, se olvida del división y de factores sociales que para nosotros son importantes. Y nosotros lo que queremos es que las decisiones sean buenas para el división y a liberal plazo. Hay empresas que, por sus dimensiones, por las presiones de sus accionistas, no se lo pueden permitir y nosotros sí pensamos a nivel intergeneracional porque somos empresas familiares o incluso autónomos, que estamos pensando en qué vamos a dejarles a nuestros hijos y que sea en las mejores condiciones. Y el valencia de lo que yo tengo depende del valencia que tenga el división. Y todos sabemos que en el Ribeiro se han hecho las cosas muy mal, sobre todo en la segunda fracción del siglo pasado. Por eso es tan importante la entorchado de marcaje y de influencia en los sitios que se toman las decisiones.

En los consejos reguladores se vota en función del bulto. ¿Qué le parece eso?

Es una alternativa muy injusta. Si te vas a un pleno del consejo regulador, dos bodegas tienen el cuarenta por ciento de la representación, de los cien operadores que somos, la fracción de los cuales son colleiteiros. Si lo trasladamos al dominio de la democracia parlamentaria, eso sería como si Amancio Ortega tuviese derecho a cien mil votos, por ser un gran patrón. Esto se podría mejorar mediante un sistema de votación de doble mayoría en el que en decisiones importantes no solo pese el bulto de producción sino asimismo el número de operadores.

Volviendo al Ribeiro, ¿se puede residir dignamente del caldo siendo colleiteiro?

Yo lucho porque se pueda. Hoy por hoy es muy complicado. Porque el posicionamiento no ayuda. Cuando tienes muy poquita producción necesitas mucho ganancia y el ganancia viene derivado del valencia añadido. El valencia añadido se lo pones tú a lo que haces, pero luego lo tiene que declarar el mercado. Y para que el mercado lo reconozca tiene que deber detrás una entorchado de comunicación, de posicionamiento, que es muy complicado que haga uno por su cuenta. Con el paso del tiempo todos encontramos ese camino pero es muy complicado tienes que diferenciarte en un mundo que no ayuda. Tiene que deber una zonificación que permita que haya vinos que puedan tener un anciano valencia, como un caldo de una finca peculiar. Eso no solo beneficiará al colleiteiro, asimismo al viticultor.

¿Funciona el enoturismo en el Ribeiro?

Todavía hace errata inversión para crear el Ribeiro como destino. Hay esfuerzos, como la ruta del caldo, el geodestino Ribeiro, etcétera. Tal vez haga errata un organismo que reúna a todas esas entidades, tipo consorcio, porque está muy atomizada la actividad de la diligencia del turismo. Una estructura que reclame más inversión porque el Ribeiro tiene paisaje, patrimonio, como otras muchas denominaciones de origen, pero tiene nociones singulares como es su caldo y una riqueza termal que es única y una de las más amplias en Europa. Es una de las cosas que hay que reclamara a la dependencia que salga de la nueva Xunta, tras las elecciones, que es un plan para revitalizar el Ribeiro entre otros ámbitos, en el del turismo. 

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