Mi familia está viendo caer las bombas por todas partes


Nulo más contestar nuestra citación lo que escuchamos de fondo es como termina una conferencia con el Líbano. “Perdona, estaba hablando con mi clan, es lo que hago todo el tiempo”, se disculpa. Samir Slim lleva más de 10 primaveras viviendo en Vigo, pero parte de su corazón sigue en el pequeño pueblo libanés, a 40 kilómetros de la frontera con Palestina, en el que nació. “Tengo allí a mi mama, a mis hermanos, a mis sobrinos, a mis amigos, esta situación es muy difícil”.

No les ha pillado por sorpresa, de hecho les ha tenido en vilo demasiado tiempo: “Llevamos un año con el susto de cuándo iba a ocurrir, y ahora vivimos con el miedo de que en cualquier momento les pille un cañoneo”, continúa Samir. Un miedo existente.

Tan existente como el hecho de que su hermano haya perdido su casa, destruida por las bombas. “Cayeron sobre el edificio de al banda, él se salvó por los pelos”, nos cuenta. Tan existente como que sus sobrinos de 9 y 10 primaveras pregunten cuándo van a retornar a ver sus juguetes, sin ser conscientes todavía de que no va a ocurrir nunca. “Hasta ayer estudiaban en un buen colegio, hablan inglés y francés, tenían un futuro, ahora…”. Tan existente como que hayan tenido que dejarlo todo –los que aún tienen algo- para huir a un área más seguro en la montaña. “Están viendo los bombardeos rodeando de ellos”.

“He perdido amigos muy cercanos”

Este hostelero inmóvil en Vigo lleva más de dos décadas en Europa. Vivió en Italia y ahora en España, su mujer es madrileña y sus hijos nacieron aquí. “Normalmente viajamos al Líbano en verano, pero por la posibilidad de que estallase la combate llevaba más de un año sin ir”, relata Samir. Tiene dos teléfonos para comunicarse con los suyos y está permanentemente alerta. “He perdido amigos, amigos muy cercanos. Estoy en comunicación constante porque ahora mi preocupación es ver a dónde puedo mandar a mi clan si las cosas se complican más”.

“Mi preocupación es ver a dónde puedo mandar a mi clan si las cosas se complican”

El miedo es tal que han menguado cualquier traslado. “Si tienen que ir en coche se dividen en más de uno por si pasa poco. Mi hermano en un coche, su mujer en otro, los niños, mi mama… Pensando en que si le pasa poco a uno de ellos pueda convenir otro para hacerse cargo de la clan. Es una brutalidad”. Las palabras se quedan cortas.

Aunque a Samir le sobran. Le salen a borbotones. Con un consumado castellano cargado de acento libanés cuenta lo que ocurre entre resignado y enfadado. Con la exigencia de que se sepa y con la esperanza de que el mundo les escuche. “Cada día de combate el país vuelve un año detrás”, asegura pensando en los conflictos anteriores. “Cuando fue la del 2006 hubo que reedificar todo y esto es mucho peor. Así es inútil avanzar”.

Samir ha cerrado su restaurante en Vigo por respeto: Estamos de desdicha

Él regenta dos restaurantes en Vigo especializados en comida libanesa. El Fenicio continúa funcionando porque, asegura, tienen que seguir saliendo delante y pagando sus facturas, pero El Gran Fenicio, en el que ofrece espectáculo en directo, ha cerrado sus puertas.

“Tenemos que ponernos de desdicha, no es para menos. No tenemos cuerpo para bailes”. No sabe cuando retomará la actividad, no sabe cuánto durará esta situación ni cuantas pérdidas más se va a encontrar mañana. “Si la combate terminase mañana habría mucho que fundar, mucho”. Y no parece que eso vaya a ocurrir tan pronto.

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