El futuro electoral de Donald Trump, a debate en el Tribunal Supremo de Estados Unidos


El día que se escriba la historia de las elecciones estadounidenses de 2024, las últimas 24 horas tendrán un capítulo específico porque rara vez se ve de modo tan rápido, evidente y ponderado lo imperfectos, casi se podría asegurar que técnicamente indeseables, que son uno y otro candidatos.

Aunque hay que esperar al veredicto, la Corte Suprema da a entender que no va a excluir a Trump de las listas electorales. Pero se prostitución casi de un cortafuegos porque Colorado pretende dar ese paso -y nadie duda que habría más estados que se sumarían.

La imputación es que Trump habría orquestado el asalto al Congreso de enero de 2021 y que, por consiguiente, habría participado en una insurrección -que es un criterio que legalmente le impediría presentarse a las elecciones. Pero lo cierto es que no hay prueba alguna -entendiendo por tal condena.

¿Cómo se puede apartar a un candidato de las elecciones alegando poco de lo que no ha sido dibujado?

Y, sin confiscación, cualquiera que recuerde aquel día y aquellas semanas y meses puede tener dudas razonables. De hecho la centro de Estados Unidos las tiene.

Con Joe Biden, lo mismo.

El fiscal específico que le investigaba por usar a casa indebidamente material clasificado en el pasado ha decidido no presentar cargos criminales contra él.

Pero, a la vez, reconoce que Biden actúo indebidamente a conciencia y que una de las principales razones para no procesarle es que un junta difícilmente le condenaría porque sería gastado como “un señor decano con poca memoria”.

Singular de que pueda sorprender tanta dadivosidad por parte del fiscal, ¿cómo puede aspirar a ser presidente alguno que tiene tan poca memoria que un junta se vería poco menos que incapaz de juzgarle?

En fin, este es el dilema en que se encuentra Estados Unidos.

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